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Primavera Cultural
Vecinos y vecinas durante la marcha

La Cañada da una lección de ciudadanía con su marcha protesta

Menos de un centenar de personas llega hasta la Alcaldía para reivindicar su barrio


Hubo, faltaría más, marcha hasta la Alcaldía pese a la falta de facilidades de miembros de la Plataforma y al aparente descuelgue de algunas de las entidades que forman parte de ella. Bien es verdad que tanto Mari Lozano como Antonio Ruano, máximos responsables de las dos asociaciones vecinales más fuertes de la partida: Antonio de Torres y San Urbano, comparecieron a la llegada de la marcha a la Alcaldía para expresar su apoyo a la reivindicación. Cuando lo hicieron ya habían alcanzado la meta varias decenas de vecinos y vecinas comprometidos en el asunto y ya se habían repartido la mayor parte de los folletos editados para la ocasión y con la intención de hacer llegar a la ciudadanía almeriense en general con su contenido, las razones por las que una representación del vecindario de La Cañada recorría este domingo de primavera la distancia que separa su barrio del centro de la ciudad y los motivos por los que se disponen a seguir insistiendo.

Si marchas y concentraciones de otro tipo llevadas a cabo incluso con apoyo institucional, han sido catalogadas en los últimos tiempos como oportunas y exitosas, no debe desmerecerse la de los vecinos y vecinas de La Cañada que, porcentualmente, ha superado con mucho la participación de otras convocatorias que lucieron menos esfuerzo y más banderas. Tampoco ayudó tener que depender de herramientas públicas de movilidad, deficitarias según la reivindicación vecinal, y que afectó especialmente a las personas mayores a la hora de regresar a casa tras la caminata.

Hay que destacar no ya la ausencia de incidentes, sino el magnífico comportamiento del vecindario que incluso designó a un pequeño grupo para llegar a las puertas de la Alcaldía y no ocupar la acera para no entorpecer el paso de otros ciudadanos y no mermar la seguridad de los viandantes. Ni que decir tiene que al ser domingo el recinto municipal estaba cerrado y que los vecinos se encontraron a las puertas de la verja sin poder acceder a los jardines. Eran simples ciudadanos, no dirigentes políticos de visita en la ciudad y no merecieron ni siquiera el guiño de ser recibidos por un edil o por un propio que recogiera simbólicamente sus peticiones para pasarlas a quien correspondiera. Los vecinos y vecinas cumplieron fielmente el papel encomendado a la ciudadanía y se convirtieron en participantes de la vida municipal independientemente de las razones de otros para ignorarlos.

Tras alcanzar el edificio de la Alcaldía se concentraron durante unos minutos en la zona de la Estación Intermodal para regresar sobre sus pasos y completar una jornada reivindicativa que posiblemente no sea la última y que tendrá nuevas acciones por desarrollar hasta que los más de las 9.000 personas del barrio puedan acceder a un nivel de servicios aceptable.